Lula da Silva ganó las elecciones presidenciales brasileñas en la segunda vuelta, obteniendo el 51,8% de los votos contra el 48,2% de Flávio Bolsonaro. El resultado fue anunciado por el Tribunal Superior Electoral. El partido de Bolsonaro, el Partido Liberal, reconoció oficialmente la victoria de Lula, aunque pidió que se esclarezcan los cuestionamientos planteados.
El lobby agrícola brasileño, que había apoyado a Bolsonaro, se vio frustrado al no lograr acercarse al poder. Lula, quien fue presidente entre 2003 y 2011, ahora volverá a gobernar. Su reelección marca un cambio en la política brasileña.
Bolsonaro, quien había ganado ampliamente en la primera vuelta, enfrenta ahora la posibilidad de enfrentar dos investigaciones judiciales. Su derrota también rompe con siete victorias consecutivas de la derecha en Latinoamérica.
La victoria de Lula complica el futuro judicial de Bolsonaro y lo deja sin escaño en el Senado a partir de 2027. El nuevo gobierno de Lula contará con un Congreso más hostil, lo que podría dificultar su agenda política.
El Centrão, grupo político que había respaldado a Bolsonaro en el balotaje, retomó el diálogo con el oficialismo. Este movimiento podría influir en la estabilidad del nuevo gobierno.
La reacción de los mercados brasileños fue negativa al conocerse el resultado. La victoria de Lula representa un giro en la política brasileña, con implicaciones para la economía y la regulación ambiental.




















