La ciudad de Bogotá enfrenta un mayor riesgo de impacto por el fenómeno El Niño debido a la escasez de agua y la falta de alternativas para almacenar el recurso. Según informes recientes, el consumo de agua en la capital ha aumentado, mientras que los embalses disponibles no son suficientes para abastecer a la población en periodos de sequía.

El fenómeno El Niño, que ocurre cada 2 a 7 años, se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico. En Bogotá, este fenómeno se traduce en condiciones climáticas extremas, como sequías prolongadas y lluvias intensas. La combinación de estos factores, junto con el crecimiento poblacional y la demanda creciente de agua, ha generado una situación crítica.

Este problema no es nuevo. En los últimos años, Bogotá ha sufrido varias sequías que han afectado a su sistema de abastecimiento. A pesar de las medidas implementadas, la ciudad sigue siendo vulnerable. Los expertos alertan que sin una mejor gestión del agua y la construcción de nuevos embalses, el impacto de El Niño podría ser aún más severo. La situación exige una acción urgente para garantizar el acceso al agua para la población.