Trump y Vladimir Putin anunciaron un acuerdo para permitir la importación de diésel ruso a Estados Unidos, con el objetivo de reducir los precios en el país. La decisión, anunciada por el gobierno ruso, revoca parcialmente las restricciones impuestas este año para proteger el suministro nacional de combustible. Según el presidente estadounidense, este acuerdo beneficiará a los agricultores y camioneros, que enfrentan altos costos de combustible.

La inflación anual en Estados Unidos alcanzó el 3,4 % en agosto, con el diésel un 67 % más caro que a finales de febrero. El acuerdo se produce pocas semanas antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, lo que ha generado especulación sobre su impacto electoral. Aunque el gobierno estadounidense promocionó el acuerdo como un "gran trato", los volúmenes de diésel importado no han sido suficientes para reducir significativamente los precios en las estaciones de servicio.

El acuerdo también ha generado críticas, especialmente de parte de Ucrania. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acusó a Trump de actuar de manera "débil" y denunció el acuerdo como una maniobra política. Zelenski exigió que Estados Unidos detuviera los ataques contra las refinerías rusas y cuestionó la flexibilización de las restricciones al diésel ruso. Trump, por su parte, insistió en que el acuerdo beneficiaría a Ucrania y pidió la renuncia de Zelenski, acusándolo de liderar una guerra.

Este desacuerdo refleja la compleja relación entre Estados Unidos y Ucrania, así como la influencia de las decisiones políticas en la economía y la seguridad internacional. Mientras el acuerdo busca abordar la crisis del combustible, las tensiones entre los líderes continúan.